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Entre nieves blancas, aguas milagrosas y leyendas

Al retomar a Villa Unión, hacia el sur, la Ruta 40 cruza el río Bermejo y pasa por Guandacol (al oeste de La Rioja) y luego por Huaco (en el centro norte de San Juan).

Antes de llegar a Guandacol, sobre la mano izquierda de la ruta, se pasa por el Vallecito Encantado, lugar en el que se puede hacer trekking y senderismo con un guía.

Guandacol significa montaña de plata en quechua clásico. El amplio valle en el que se ubica esta localidad estuvo poblado por indígenas a los que se los conoce como “Indios Guandacol”.

En Huaco se puede visitar un histórico molino de agua, el cual hasta la década del setenta se usaba para molturar los cereales que en esa tierra se dan en abundancia. Es parte del Molinar Jachallero, formado por varios molinos de la región de Jáchal, que comprende la localidad de Huaco.

 

Hacia un oasis y más allá

Desde la región de Jáchal es posible acceder a un oasis verde precordillerano formado por los pueblitos Rodeo, Las Flores, Iglesia y Pismanta. En este último, a 185 km de la ciudad de San Juan, hay unas termas con propiedades curativas y una hotelería muy buena.

Cerca de las termas, al norte de la localidad de Las Flores, se encuentra la histórica capillita de Achango, cuyo piso, que es de adobe, está cubierto por tapices.

Desde Las Flores es posible es posible tomar el camino internacional, que asciende por la quebrada de Agua Negra hasta el paso andino del mismo nombre, a 4728 m de altura. En el camino se pasa por los famosos penitentes (o agujas) de hielo.

 

Las travesías de San Juan

La Ruta 40 pasa por la ciudad de San Juan. Desde la ciudad, a 63 km, se puede llegar a Vallecito hacia el este.

Vallecito tiene una gran cantidad de turismo debido a la tumba de la Difunta Correa. Las visitas al santuario son multitudinarias y si bien se producen todo el año suelen concentrarse en Semana Santa y el 2 de noviembre, día de las Ánimas.

En ese tramo de la Ruta 40 es posible acceder al solitario pueblo de Mogna. El camino hacia esa localidad ubicada al noroeste de la provincia es una pintoresca quebrada.

Mogna también concentra gran turismo por motivos religiosos: es el sitio elegido para hacer la procesión en honor a Santa Bárbara en su iglesia.

 

Que nunca le falte agua a la Difunta

La Difunta Correa es una figura mítica en especial de Argentina y Chile, aunque se ha extendido a otros países como Uruguay.

Es una devoción popular (no suele definirse como culto) creada en 1840, momento en el que se empezó a decir que ocurrían milagros en su santuario.

El santuario está ligado a la historia que dio lugar a la leyenda, porque es el lugar en el que supuestamente Deolinda Correa o Dalinda Antonia Correa murió luego de ir tras su marido que fue reclutado contra su voluntad como soldado para las guerras civiles.

Deolinda huyó con su bebé no sólo por perseguir a su marido, sino que escapó de los acosos del comisario del pueblo de Angaco, donde vivían.

Ella siguió las huellas de la tropa a través del desierto de San Juan con algunas provisiones de pan y agua. Cuando el agua se acabó, Deolinda estrechó a su bebé contra el pecho y se acostó debajo de la sombra de un algarrobo. Allí murió.

Al día siguiente pasaron unas personas por el lugar y encontraron a la mujer muerta. Su hijo seguía vivo y amamantándose de ella. La enterraron y se llevaron al bebé.

Cuando dieron a conocer la historia, muchos paisanos de por ahí empezaron a peregrinar hasta la tumba. Decían que el primer milagro de la Difunta Correa había sido el seguir amamantando a su hijo pese a estar muerta.

Una de las ofrendas más comunes son las botellas de agua.


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